sábado, 7 de marzo de 2009

La guerra y la Paz.


Cuesta entender como dos personas que un día se amaron puedan llegar a detestarse tanto. Invadidos por el despecho, la desolación o el remordimiento, comienzan una escalada de disputas sin fin, ya sea por los gastos, los regalos, los amigos, las costumbres y todo.
Cegados por el ego herido o el ánimo de revancha, incluso personas sensatas y nobles se involucran en venenosas ofensas y crueles venganzas. En vez del luto que sigue a toda pérdida, cunden las descalificaciones y las rabias. Los enamorados de ayer, enfrascados en su lucha, hoy estan dispuestos a matarse.
A otros, las batallas eternas les permiten seguir en contacto sin tener que admitirse a sí mismos cuanto necesitan aún la conexión entre ellos. Tampoco faltan quienes prefieren cualquier forma de estropicio o autodestrucción con tal que su ex consorte no sea feliz en su ausencia. Por último, el encono puede ser un modo de encubrir la congoja que se experimenta al tomar cabal conciencia de que ya no se cuenta con el otro, y que se han perdido irremediablemente derechos y gustos a los que se estaba habituado. Porque lo que se rompe no es solo un vínculo sino la historia completa de un mundo compartido.

Por eso usted que esta enojado y en pié de guerra, entienda que detrás de tanta rabia solo hay dolor y desconsuelo. Haga un esfuerzo, permítale al tiempo hacer su trabajo hasta apaciguar los ánimos.
Que por lo menos, lo que antes unió el amor, no lo separe ahora el odio.




1 comentario:

  1. Dice una canción que el tiempo no cura nada, que el tiempo no es un doctor. Sin embargo, creo que a veces el tiempo es como un trago de gua fresca cuando se camina por la panza del desierto.

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